martes, 6 de diciembre de 2011

Inmerso en deseos.

  Al fin llegó el momento, al fin mis labios rozaron los suyos, las pulsaciones se aceleran, mi mente se congela y no piensa en otra cosa mas que en ese beso, mis manos recorren su espalda suavemente, con dulzura. Me separo, la miro a los ojos, sonrío, sonríe, y esas palabras que durante tanto tiempo tuve presas hallan la libertad haciéndose escuchar en el silencio de nuestra mirada de forma susurrante... Te quiero.
  Son las dos de la mañana y hasta mañana mis brazos rodearan tu cuerpo, no te dejaré marchar a no ser que lo hagas conmigo. Los astros están de mi parte, y salen a flote, quedando así sumergidos en un mar de estrellas, una noche preciosa.
  Llegó su hora, llegó la mía, llegó el mañana. No quiero, mas no tengo más remedio, he de separarme.
  No puedo dormir, no hago mas que pensar en ella, su sonrisa, su mirada, sus caricias... Pero al fin caigo golpeado por el sueño. Despierto, y muero, al saber que nada fue real.

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